Y después de la tormenta, llega la calma… una calma que me hace ver a mi misma, que no todo es perfecto ni como yo quiero que sea. En la vida, existen multitud de colores, todo depende de los ojos con que mires las cosas.Y así se aprende, a base de caídas, de las que tienes que saber reponerte y levantarte, con la cabeza mas alta todavía, afrontando la vida como viene y creciendo como persona.

Todo esto, es lo que me hizo ver mi primera Behobia. No de mis tiempos, ni como lo pude haber hecho, sino de mis sensaciones. Sensaciones, puedo decir, que nunca había experimentado en una carrera, donde disfrute de verdad. Mi cabeza estaba en ese momento, ahí, presente, siendo consciente de cada zancada, cada aliento, cada animo de la gente, cada curva y cada cuesta.

Gracias a toda esa gente que supo empujarme, de la manera mas fluida, hasta la meta, y sobre todo… gracias otra vez Gabry, por hacerme ver que, SOLAMENTE SE VIVE UNA VEZ. He visto por fin, y ahora de verdad, lo que es estar aquí, en el ahora, dejarse fluir. Como toda esa aceptación, hace que después de la rabia, tristeza, desazón ante una “derrota”, hace que te inunde una sensación de paz, tranquilidad, sosiego…sensaciones que me acompañaron toda la carrera. Eso es lo que me abrió los ojos. Nunca me cansare de darte las gracias.

Este reto, ha sido para mi un punto de inflexión en como ver la vida, no solo a nivel deportivo, sino a nivel personal. Y todos estos cambios y maneras de ver las cosas, no pasan hasta que caes, caes de verdad, cuando no encuentras ninguna salida. Y este tropezón, derivó en abandono a las carrera de las Murallas, no fue la causa de todo ese bajón, sino la gota que colmo el vaso y lo que hizo espabilarme. Todo pasa por algo.