Como cada lunes y miércoles, tengo cita con mis queridos alumn@s, a los que da gusto ver con la alegría con la que vienen a clase, deseando saber qué entrenaremos hoy. Conmigo nunca se sabe, así ninguno se salta la clase porque prefiera hacer un grupo muscular u otro, ya que todos son importantes. Ell@s ya me conocen.

Me encanta este equipo, ya que es un grupo fiel y constante, que hace que pueda ir evolucionando los entrenamientos, en cuanto a técnica y carga, viendo el cambio de cada uno, semana a semana. Eso no quita para que la gente que viene nueva, vaya adaptándose al tipo de clase con mis explicaciones y dedicación a cada alumn@.

Cada vez son mas los que se apuntan a estas clases. Soy consciente de mi exigencia como instructora, pero a mi parecer, creo que es lo que hace que un alumno note realmente los resultados y eso mismo cause adherencia a mis clases. Por supuesto que hay que ir al gimnasio para desconectar, estar con gente y sudar un poco, pero en mis clases el objetivo es mayor, de ahí esa exigencia y mi carácter serio y riguroso. De todo ello, me he ganado a pulso mi apodo “castigadora de la pierna”, ya saben los que lo lean, porque lo digo.

Estoy orgullosa de mi equipo, que ya me conocen y dan juego a mis chillos, payasadas y toques de atención, que hacen que la clase sea amena, sin olvidar lo primordial, exigencia, correcta ejecución de los ejercicios, compañerismo y conocimiento del rendimiento físico de cada uno.

Creo que lo he conseguido, y seguiré con esta dinámica, ya que es la que me funciona y hace que el grupo, cada vez sea mayor, por algo sera.

Gracias guerrer@s, por hacer que vaya con ganas a clase y muy motivada. De paso, entrenamos duro, si señor! 😉